Los hacedores de quimeras

Actualizado: 29 ene

En el oeste del Gran Buenos Aires habitan personajes misteriosos. Son los encargados de velar por las almas desprotegidas e incautas que florecen al abrigo de la noche en la ciudad. Dicen que se mueven entre Moreno y Ciudadela, pero algunos afirman que su influencia llega hasta zonas tan distantes como Flores o Plaza Miserere.

Desperdigados entre el común de la gente, caminan entre nosotros de manera imperceptible al amparo de un rasgo peculiar que los diferencia del resto: solo pueden ser vistos durante la noche.

Diversos testimonios sitúan a esta troupe de modernos samaritanos en las cercanías del gran corredor paralelo que regentean con firmeza las dos grandes moles de hierro y cemento de la zona oeste: el ferrocarril Sarmiento y la calle Rivadavia.

Las pizzerías de Floresta, el baño de la estación Haedo o los andenes del Once son algunos ejemplos de los avistamientos confirmados.

Fue Rosendo López, el payador, uno de los primeros en experimentar su sortilegio cuando, absolutamente bloqueado a mitad de un show, y sin poder articular rima alguna, fue congraciado con unos versos que un par de siluetas enigmáticas le regalaron al pasar. Aunque parezca increíble, a partir de esa noche, Rosendo no solamente mejoró las rimas, sino que sus presentaciones en el viejo bodegón de Ramos Mejía se convirtieron en un suceso nunca antes visto por el cantor.

Otras intervenciones, sin embargo, fueron más determinantes.

Tomemos por caso la experiencia del estadista Crisólogo García, quien, desencantado con los vaivenes de la vida, decidió refugiarse en el paso a nivel de la calle Barragán, a la espera de que el expreso de las 23:45 lo libere de sus infortunios. Lo extraño sucedió cuando, a punto de arrojarse, sintió la familiar voz de su hijo, quien festejaba junto a tres figuras extrañas, su recientemente revelada paternidad y, que al verlo —mitad borracho, mitad feliz—, lo invitó a unírseles en el festejo, salvando casi sin querer, su desdichada existencia.

Algunos informantes, en cambio, afirman haberlos visto escabullirse entre las boleterías de la estación Castro Barros del Subte y levantar los molinetes para aquellos pasajeros que no alcanzaban a cubrir el valor del boleto ante la mirada inaudita de los guardas.


Otros juran haber sido parte en históricos picados de fútbol sobre los terrenos anexos del ferrocarril en donde humillantes derrotas a manos de los sobradores de siempre, se convertían súbitamente en dignísimos empates (e incluso victorias), cuando unos singulares sujetos que se encontraban fortuitamente en el lugar, se incorporaban al juego ante la repentina fatiga de algún que otro player.

Se dice que sus intervenciones suceden en el campo de lo intangible, y que rehúyen de las injerencias materiales, pero nosotros sabemos bien que ellos encuentran una forma de decir presente cuando la necesidad así lo requiere.

Se desconocen las motivaciones o el origen de estos sujetos misteriosos. Algunos sostienen simplemente que Dios es argentino y, además, tiene domicilio en Floresta. Otros alegan que son entidades en tránsito entre dos mundos con deudas por saldar antes de obtener su pasaje al más allá. Cualquiera sea el caso, a los vecinos de los barrios involucrados no parece importarles demasiado, y transmiten, boca a boca, las experiencias vividas.

Pero no todos abrazaron su llegada. Los Fundamentalistas Fácticos, por ejemplo, rechazaron su existencia. Convocaron a reuniones de urgencia en la sociedad de fomento de Villa Luro para discutir si se trataba de hechos aislados, casualidades o eran parte de una conspiración de la Liga de Soñadores y Poetas.


Nosotros, simples cronistas de lo ajeno, preferimos no detenernos en sus debates ni en su negación sistemática, pasamos de su universo axiomático y previsible, donde dos más dos siempre son cuatro y las utopías, apenas un rasgo de debilidad. Preferimos creer en la importancia de fuerzas universales actuando desde las sombras, buscando empardar los despropósitos del mundo, oponiéndose a los que se creen dueños de la verdad, a los manipuladores y a los que nos roban la esperanza.

Si algún día por el oeste te cruzas con ellos, mantente alerta a las señales y sé amable con los hacedores. Tal vez, aun sin buscarlo, termines siendo partícipe de su quimera.



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